prev.gif (997 bytes)home.gif (1054 bytes)next.gif (998 bytes)


 

LA VÍA LÁCTEA, NUESTRA GALAXIA

Autor: Tomás Unger

Desde la antiguedad, quienes observaban el cielo registraron una franja blanca de variable intensidad que forma parte de la "esfera celeste" de las estrellas fijas. En una noche clara y sin luna, al ojo se puede distinguir unas 6.000 estrellas y una franja luminosa que los griegos llamaron Galaxia Kyklos (círculo lácteo) y los romanos Vía Láctea (camino de la leche). Recién en 1610, cuando Galileo observó el cielo con su telescopio, se pudo comprobar que la Vía Láctea está formada por estrellas demasiado pequeñas para ser distinguidas al ojo y tan numerosas que parecen una nube.

A partir de descubrimiento de Galileo, los astrónomos trataron de contar las estrellas y descifrar su distribución. William Herschel calculó en 1784 que eran más de 300 millones e hizo una observación importante: su densidad aumentaba a medida que se acercaban al centro de la Vía Láctea.

Para entonces el Universo conocido era el de nuestra galaxia, aunque el filósofo Immanuel Kant había postulado la existencia de "universos islas", sugiriendo que Andrómeda -entonces considerada como una nebulosa donde se forman estrellas- podría ser uno de ellos. Al comenzar el siglo XIX no había sustento para la tesis de Kant ni manera de medir la distancia a las estrellas lejanas. Se sabía que su magnitud aparente misminuye con la distancia, pero no había, manera de conocer su magnitud real para calcularla.

Fueron las cefeides -estrellas variables- las que hicieron posible medir las primeras distancias, que darían luego una nueva dimensión a la galaxia y después al Universo. Se las llamó cefeides a la estrellas que, como Mira, varían su luminosidad cada 5,37 días por su presencia en la constelación de Cefeo.

HENRIETA LEVITT

fue la astrónoma americana Henrieta Swan Levitt (1968-1921) quien dió la pauta para resolver el problema. En 1912 Swan Levitt estudió desde el observatorio de Characato, en Arequipa, las llamadas Nubes Magallánicas, visibles solo desde el hemisferio Sur. Estas nebulosas, observadas por primera vez en 1521 por la expedición de Magallanes, son galaxias satélites de la Vía Láctea, cosa que no se sabía a principios de siglo. Henrieta Swan había encontrado una correlación entre la periocidad de las cefeides y su magnitud absoluta, con lo cual se podía calcular su distancia.

Basado en observaciones de Henrieta Swan Levitt, en 1930 el astrónomo americano Harlow Shapley usó las cefeides para calcular la distancia a la Nube Magallánica chica, que resultó estar a 165.000 anños luz.

Para entonces Edwin Hubble, con el gran observatorio del Monte Wilson, había identificado estrellas en Andrómeda, con lo que quedó confirmada la existencia de otras galaxias , los "Universos islas"postulados por Kant en el siglo XVIII. En la primera mitad del siglo XX quedó establecido que la Vía Láctea, nuestra galaxia, es solo una de muchas y su forma es lenticular (forma de lenteja), como un disco más grueso en el centro, donde son más densas alas estrellas. Se calculo en 1000 mil millones el número de estrellas de la Vía Láctea y Shapley calculó su diámetro enytre 80 mil y 100 mil años luz, con el Sol a unos 27.000 años luz del centro. Para mantenerse estable la galaxia, las estrellas que la forman deben girar alrededor del cenro -igual que en nuestro Sistema Solar- más rápido cuanto más cercanas al centro.

Fuero las cefeides-estrellas variables- las que hicieron posible medir las primeras distancias, que darían luego una nueva dimensión a la galaxia y después al Universo

Al entrar a la segunda mitad del siglo XX, sabíamos, pues, que la nuestra es solo una de muchas galaxias y teníamos una imagen aproximada de su forma y tamaño. Con el advenimiento de la era espacial y la posibilidad de observar el cielo con instrumentos fuera de la atmósfera terrestre, nuestros conocimientos crecieron exponencialmente. Comenzamos a observar el cieloen las diversas frecuencias : desde las largas ondas de radio hasta los cortísimos rayos X y gamma. pasando por el infrarrojo, la luz visible y el ultravioleta.

De estas observaciones los astrónomos han podido deducir la forma y composición de nuestra galaxia, su dinámica y su entorno. Hoy se sabe que la nuestra es una galaxia espiral con un núcleo muy denso, en el centro del cual todo parece confirmar la existencia de un gigantesco agujero negro con una masa de 3 millones de soles. El número de estrellas ha sido reajustado a unos 200 mil millones, con miles de gigantescas nubes de gas y gran cantidad de misteriosa "materia negra". Un delgado disco plano, con un bulto central - el núcleo galáctico- con varios años luz de diámetro.

El núcleo tiene una gran densidad de estrellas y forma una especie de barra en la que abundan las estrellas gigantes rojas, cinco mil veces más luminosa que el sol. En el núcleo mismo, rodeando el agujero negro, con un diámetro de unos 300 años luz, hay una conglomeración de estrellas cuya masa equivale a 100 millones de soles. Curiosamente, el delgado disco formado por los cuatro brazos espirales está ligeramenete torcido, como el ala de un sombrero, u tanto levantado a un lado y caído al otro. La galaxia está rodeada por una esfera que contiene, muy diseminados, conjuntos globulares de estrellas y nubes de gas que se mueven a gran velocidad.

EL NÚCLEO

Nuestro Sistema Solar se encuentra en el brazo de Orión a 26.000 años luz del centro, alrededor del cual gira a unos 8000.000 kilómetros por hora dando una vuelta a la galaxia cada 230 millones de años. Donde terminan las estrellas el disco se adelgaza y continúa con una nube de hidrógeno que se extiende a 15.000 años luz. Esta corona de gas es el comportamiento más caliente de la galaxia, alcanzando millones de grados. Hasta donde han podido deducir los astrónomos con los medios disponibles, nuestra galaxia es diferente, aunque es similar en sus principales rasgos a otras galaxias espirales.

Los conocimientos acumulados en los últimos años, gracias al telescopio Hubble y otras sondas espaciales, nos dan hoy una idea más completa del "universo isla" que habitamos. En nuestra galxia hay una permanente actividad de reciclaje. Mientras las estrellas viejas explotan en supernovas o se convierten en enanas o pulsares, sus restos se reciclan formando nuevas estrellas. Simultáneamente los agujeros negros devoran estrellas emitiendo rayos X y circulan nubes de gas de alta temperatura.

NUEVAS INTERROGANTES

A medida que vamos descubriendo formaciones y componentes dentro de nuestra galaxia, su estructura se vuelve más compleja y plantea nuevas interrogantes. El equilibrio dinámico requiere de la materia negra que hasta ahora no conocemos, pero cuya existencia debemos admitir. Sabemos que nuestras galaxias satélites orbitan la Vía Láctea y que otras han chocado con ella. Conocemos la posición de nuestro Sistema Solar y sabemos que, desde su formación, está recién en su veinteava vuelta al centro galáctico. También se sabe que la nuestra es solo una de miles de millones de galaxias, sobre la que sabemos muy poco.

 

 


prev.gif (997 bytes)home.gif (1054 bytes)next.gif (998 bytes)